Apenas se inventa una nueva herramienta, alguien le da un uso para el cual no había sido pensada. Un ejemplo: Thomas Edison diseñó el fonógrafo como una máquina para dictados más que como un producto para el entretenimiento. Sin embargo, las fuerzas del mercado y los usos más inteligentes prevalecieron, y Edison abandonó su ocurrencia inicial, incursionando en el negocio de las grabaciones. Pero, con frecuencia, alterar el uso original de una invención la corrompe antes que mejorarla, como sucede con los dispositivos de comunicación personal, que se han convertido en un medio para trasladar la responsabilidad, tácita o explícitamente, al aparato. Los teléfonos celulares, por ejemplo, son una vidriera desde la cual algunos muestran su prepotencia, como la siguiente fanfarronada que escuché hace poco en la sala de preembarco del aeropuerto: "Decile que llego esta tarde para echarlo a patadas". Otros ejemplos de exhibicionismo son las peleas entre enamorados o las expresiones de afecto a quien está del otro lado de la línea.
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