Alguna vez dijo Juan Enriquez que así como en su momento los jeroglíficos, después el alfabeto, y más tarde, el código binario, cambiaron el mundo, en este siglo, las cuatro letras -A,C,T,G- del código genético están impulsando una nueva revolución. Gran parte de la responsabilidad de haberla acelerado la tuvo su amigo de muchos años, J. Craig Venter, quien no dudó en saltar de la investigación pública a la privada, y asegurar que desde Celera Genomics decodificaría el genoma humano más rápido y a un costo mucho menor que el consorcio de científicos que estaba llevando adelante el Proyecto Genoma Humano con fondos públicos y la batuta del Dr. Francis Collins, director del National Human Genome Research Institute de los Estados Unidos. Su desafío generó un clima de urgencia tal que, en junio de 2000, mucho antes de lo esperado, se anunció el primer borrador del genoma humano secuenciado. Con la seguridad de haber dejado una marca en la historia de la humanidad y abierto las puertas hacia una visión diferente del futuro, y del pasado, Venter disfruta recorrer los pasos que lo convirtieron en el científico del año 2000 según la revista Time; y los que hoy, en una mezcla perfecta de trabajo y placer, lo llevan alrededor del mundo en el Sorcerer II, el yate que acondicionó como laboratorio. Y también, hablar sin cortapisas a la hora de anticipar los costados, fértiles y áridos, del panorama futuro de la biotecnología y sus aplicaciones.
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