Según una de las versiones de la leyenda, el filósofo y geómetra Tales de Mileto caminaba absorto en la contemplación de las estrellas, cuando tropezó y cayó en un pozo. Una criada tracia que lo acompañaba le hizo notar, risueña, que mientras estudiaba con pasión el cielo no veía lo que tenía frente a su nariz y bajo sus pies. De esta manera, la actitud pragmática se burlaba de la aparente inutilidad de la teoría pura. Una versión posterior invirtió los términos. En ella, Tales previó que habría una buena cosecha de aceitunas y alquiló con anticipación (y sin gastar mucho, ya que nadie compitió con su oferta) los molinos de aceite de Mileto y Quíos. Cuando llegó la temporada y la demanda se disparó, subalquiló a muy buen precio las instalaciones, demostrando así que se puede tener éxito en los negocios gracias al conocimiento de los fenómenos celestes.
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